SUSANA CHÁVEZ

La poeta Susana Chávez. Inolvidable.

Cantando al sol como la cigarra
Después de un año bajo la tierra
Igual que sobreviviente
Que vuelve de la guerra
Tantas veces me borraron, tantas desaparecí
A mi propio entierro fui solo y llorando
Hice un nudo en el pañuelo pero me olvidé después
Que no era la única vez y seguí cantando
Cantando al sol como la cigarra
Después de un año bajo la tierra
Igual que sobreviviente
Que vuelve de la guerra
Tantas veces te mataron, tantas resucitarás
Cuántas noches pasarás desesperando
Y a la hora del naufragio y la de la oscuridad
Alguien te rescatará para ir cantando
Cantando al sol como la cigarra
Después de un año bajo la tierra
Igual que sobreviviente
Que vuelve de la guerra
(COMO LA CIGARRA, Canción de la escritora María Elena Walsh)

 

Jaime GARCÍA CHÁVEZ

Susana y la realidad que nos aplasta. Susana y los fuertes hechos contra las mujeres que por sencillas y humildes, se olvidan. Susana y la acción de la humanidad. Susana y los grandes problemas del género humano. Susana y la poesía, la lírica que establece la conexión última de las cosas. Susana cantando lo sublime en la vida cotidiana. Susana ofrenda su creación poética para hablarnos “por detrás del decorado de la inmensa existencia”, que anunció el gran Baudelaire.

Quienes mataron a Susana y mutilaron su mano segaron una vida y la pasta humana –suave, dulce, correosa y tierna, amiga de todos los hogares- de que están hechos los y las poetas. Lo que, según la conocida opinión del autor del Quijote, estremeció toda la tierra, pues la agresión última es contra la cultura, la cual no sólo surge de una élite alejada de las enervaciones de la sociedad; la agresión es, entonces, en alguna medida, en cierta dimensión, contra todas y todos, en la medida que confirma la desolación y niega la esperanza.

Los criminales pretenden robar el derecho a vivir con alegría. Los criminales quieren avasallar la luz. En las palabras de Thasítis:

“Ahora la luz la echan a los baúles

la clavan y se la llevan.

Los inspectores cobran el flete

sin verla; los destinatarios la reparten

sin verla.

Manos invisibles la concentran otra vez en los sótanos”

Es tiempo de poner una barrera, de fijar las mojoneras y decir, gritar: ¡Basta, hasta aquí, ni un paso más en la depredación, la indignidad, la violencia y el baño de sangre!

El resurgimiento debe salir del crisol donde se funda lo mejor de nuestra cultura. Es tiempo de defender la sublime dimensión de lo humano, religado, hermanado, conformado por ideas y valores concebidos para elevar el espíritu y para dotarlo de la densidad suficiente para encarar los retos del presente.

La tarea es difícil. Aún no sé de cierto si podemos hablar de esta terrible crisis como la más grande de la historia de México. En 1810, tuvimos clara la ruptura con España bajo la bandera unificadora del anhelo independentista. En los momentos de la Reforma, perseguimos la construcción del nuevo estado constitucional y vencimos a la Reacción, sepultando la pretensión de enajenarnos a la Francia de Napoleón el pequeño. La Revolución de 1910 aniquiló el privilegio y la exclusión. Entonces, nuestros hermanos sabían por qué luchar, distinguían al adversario y qué hacer. Las armas con ideales decidieron las batallas y la guerra.

Hoy tenemos claridad en un punto: deseamos decirle adiós a la violencia y a más costosas cuotas de sangre. Pero, ¿Cuál es hoy el ideal y cuál el programa? Es preciso construirlo. Sin esa argamasa, estamos a merced de las fuerzas destructivas.

Por eso duele el crimen de Susana Chávez, lacera ya no tenerla para desarrollar la obra prometida y prefigurada en su legado poético.

Ella con su poesía dio luz al porvenir, estableció eslabones para concatenar las cosas que gravitan sobre todos nosotros y nuestra circunstancia difícil y dolorosa. Susana, la joven, murió al mismo tiempo que María Elena Walsh, la vieja poeta argentina que consagró lo mejor de su vida a la literatura infantil y nos legó “Como la cigarra”, canción familiar y casi íntima en la voz de Mercedes Sosa y Archi Paz.

Quizá a diferencia de la escritora de la tierra de la Pampa, Susana Chávez sí quería tener destino y compartirlo con todas y todos. En su intento, sufrió el cruel frío de la soledad y se empeñó con su obra en buscarle puerto a sus palabras para abatir la oscuridad en el abrazo humano.

No hablo de cualquier soledad. Me refiero a la que Isaiah Berlin cataloga más allá de padecer la ausencia de otros seres, como el vivir entre personas que no comprenden lo que uno está diciendo. Es la soledad esencial. Es el tiempo propicio para hermanarnos en un gran abrazo. Es la hora.

Los duendes de la lírica de Susana Chávez -también de su erótica de mujer- retumban por todo Chihuahua y sus ecos traspasan montañas y praderas, mares y océanos, islas y continentes. Es el poder de la poesía. A mis oídos llegan las palabras de Susana Chávez confundidas en la voz de Miguel Hernández en la España de las primeras décadas del siglo XX.

Escuchemos:

PLIEGO PETITORIO

Que cese ya el grito alrededor de todo

detrás de las sillas llamándonos.

Que cese la espera de la eternidad

cansada de esperarnos,

que el silencio se vuelva  transparente

para que el verdadero sonido

filtre por fin su alma.

que “el círculo perfecto” se vuelva luz encendida

en alguien que abre una puerta.

Que el golpe de mar quede en la memoria,

penetrante.

Que se acaben los hábitos de la incertidumbre,

que caiga la lluvia donde la ceniza se moje,

que la nostalgia siempre trabaje en la nieve,

que me dejen interrumpir el juego

de guardar silencio,

que Dios bendiga los zapatos rotos

y nos quite la costumbre tan socorrida del dolor.

Para mí esto semeja el anhelo de la niña/niño, en palabras de la Walsh:

“Cuando voy a dormir cierro los ojos y sueño con el olor de un país floreciendo para mí.”

Susana ya no está, pero como la cigarra:

Tantas veces te mataron, tantas resucitarás
Cuántas noches pasarás desesperando
Y a la hora del naufragio y la de la oscuridad
Alguien te rescatará para ir cantando


En esta hora de oscuridad, su poesía ilumina el camino hacia ciudades esplendentes que han de llegar. Su muerte de todas maneras nos deja en un invierno que todo lo congela. Cuánta razón tiene Miguel Hernández cuando nos dice:

“Muere un poeta y la creación se siente herida y moribunda en las entrañas.”

Con Susana no es para menos.

Enero 22 de 2011

Leave a Reply

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>