En el país de las adjetivaciones
Por Jaime Pérez Mendoza
“…Con los superiores se porta como siervo y con los de abajo como patrón. ¿Protestar por algo, cambiar algo? Sí. cómo no. “Se las sabe todas”…
En Los años falsos, la genial novela de Josefina Vicens encontramos un retrato fiel del sistema político y de la naturaleza humana con su tenebrosa carga de mezquindad, hipocresía y mediocridad. El rostro de la opacidad burocrática que propició la muerte atroz de 49 niños en la guardería ABC de Hermosillo; la impunidad ante crímenes sin solución. Y el robo en despoblado de votos y de la riqueza nacional a cargo de unos cuantos delincuentes.
¿Por qué se suscita la gran polémica sobre el estado de salud del Presidente? ¿Cuánta importancia tiene el tema a la luz de los grandes problemas nacionales?
La polémica es absurda. Ser o no ser borracho es problema de cada quien, de su vida, de sus circunstancias, de sus genes. Habría en todo caso que cuestionar por qué en la rara democracia mexicana llegan al poder los que no lo merecen porque no son aptos para enfrentar a los poderes fácticos y se pasan la vida en reuniones de trabajo, viajes, con discursos que son como el ruido de las pisadas de ratas sobre vidrios rotos, cruel imagen del poema de Thomas Stearns Eliot cuando aludía a los hombres huecos, vacíos.
Más que hablar de cuestiones etílicas, y de las acusaciones de un diputado y de muchos mexicanos en contra de las supuestas adicciones presidenciales, es más trascendente enfocar nuestra atención en la impunidad, en la injusticia, en la corrupción, en los graves signos de ingobernabilidad; en la malignidad del crimen organizado, en las ejecuciones de niños, mujeres y minusválidos, víctimas colaterales de la poco inteligente lucha contra el narco, convertida en un teatro de burdos acontecimientos. Si somos sinceros, es más dolorosa la pobreza extrema de más de 50 millones de compatriotas que los rumores y/o verdades sobre el alcoholismo de los poderosos.
Josefina Vicens escribió Los años falsos en la década de los años ochenta.
En la soprendente novela puede leerse lo siguiente: “…Les preocupa el poder, que casi nunca se gana por méritos propios (nuestro jefe es tonto, mentiroso y ratero) sino por la manipulación de otros, más poderosos…Caminan como por túneles oscuros que no sé a dónde conducen…”
Por fortuna, no hay códigos de ética para despedir a la Literatura.
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