Los ninis y el Ejército
Ninis, ¿fenómeno de estigmatización
¿Por qué el término Ninis, acuñado a partir de datos divulgados por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, se ha convertido en un tema de polémica de alcance nacional? ¿Hay enfoques claros sobre el problema que representa el hecho de que más de 7 millones de jóvenes se encuentren sin educación ni trabajo? Ofrecemos el valioso punto de vista del analista Juan E. Pardinas que ilumina el horizonte de las dudas y controversias”.
De acuerdo con datos del analista Daniel Higa, divulgados por el sitio GLOBEDIA, “los “ninis” se han convertido en un nuevo concepto social que resume de manera singular el sentir y el porvenir de la juventud actual. Según el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) los “ninis” son jóvenes de entre 12 y 29 años de edad que ni estudian ni trabajan y de ahí el tan famoso término acuñado para definir a este sector poblacional. En México, son más de 7 millones de jóvenes sin acceso a oportunidades laborales y educativas
A partir de estos datos, conviene abordar con la seriedad que el caso amerita este gran problema social.
Es importante recordar que el rector de la UNAM, José Narro afirmó que en nuestro país hay más de siete millones de jóvenes que “ni” estudian “ni” trabajan.
A partir de tales declaraciones y en virtud del aterrador estado de cosas que se vive en Chihuahua, el gobernador César Duarte Jáquez presentó la iniciativa de ley ante el Congreso de la Unión, por medio de la cual se propone reformar diversos artículos de la Ley de Servicio Militar y de la Ley de Educación Militar, a fin de promover la incorporación de los jóvenes sin educación ni trabajo a un régimen especial de servicio militar remunerado y de facilitar su posterior ingreso al sistema educativo militar.
Una de las principales motivaciones de tal iniciativa parte del argumento de que la juventud es víctima y presa del crímen organizado.
En la Cámara de Diputados, las reacciones de los partidos políticos fueron contundentes y de rechazo total a la propuesta del jefe del poder Ejecutivo chihuahuense. La respuesta del gobierno de Chihuahua fue invitar a la reflexión a los diversos sectores sociales para que aportaran propuestas y alternativas de solución. Hay un proceso de consulta en la entidad federativa sobre el multicitado asunto, impulsado por el Congreso del Estado de Chihuahua.
Al respecto, el diputado Enrique Serrano Escobar dijo que el tema es de interés no sólo local sino nacional pues se aspira a “abrir vías de participación económica y social, además de plantear proyectos de actividades productivas a los jóvenes que no estudian y que no trabajan en nuestro país y que constituyen sector de la ciudad muy importante. En el caso de Ciudad Juárez se estima que son incluidos en dicho sector aproximadamente 100 mil jóvenes”.
La idea central consiste en sacar a los jóvenes de las calles para integrarlos al servicio militar obligatorio. Pero hay voces que reclaman otro tipo de soluciones: educación y trabajo.
Brindamos el excelente artículo del director de Juan E. Pardinas , director de Análisis de Finanzas Públicas del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO); Doctor por la London School of Economics, quien tiene una maestría en Economía por la Universidad de Sophia en Japón y una Licenciatura en Ciencia Política por la UNAM.
Sus inteligentes opiniones fueron publicadas por el diario REFORMA.
Por Juan E. Pardinas
El gobernador de Chihuahua, César Duarte, propuso enrolar en las Fuerzas Armadas a los millones de jóvenes que no tienen oportunidades de estudiar, ni opciones para trabajar. José Narro, el rector de la UNAM, respondió que la solución para el desafío demográfico de los ninis implica duplicar la cobertura de la educación superior. Qué sucedería si se hace una combinación de ambas propuestas con un objetivo específico: convertir a las Fuerzas Armadas en la escalera más sólida de ascenso social en México. César Duarte propone emplear a miles de jóvenes para que no se vayan a las filas del crimen organizado. Narro quiere darles educación. ¿Por qué no ofrecerles ambas oportunidades?La idea no es original, ni imposible. En Estados Unidos existe una serie de programas de becas y apoyos donde, a la par de una preparación académica, los jóvenes inician su formación militar. Después de realizar sus años de servicio, los soldados tienen la opción de continuar la carrera militar o integrarse a la vida civil con un título profesional. En enero pasado conocí a Chris Niehaus, el director de innovación gubernamental de Microsoft en Estados Unidos. Antes de trabajar para Bill Gates, Niehaus trabajaba para el Tío Sam: “Yo era ingeniero militar. En la guerra de Bosnia me dediqué a reconstruir los puentes que eran bombardeados por las fuerzas enemigas”. “¿Cómo diste el salto del Ejército a una empresa de tecnología?”. Le pregunté: “Yo era un ingeniero de construcción de infraestructura carretera. Creo que Microsoft me contrató por mi experiencia en coordinar grandes equipos de gente”.
El Ejército Mexicano tiene planteles universitarios pero su escala es minúscula para atender la demanda académica de la población militar. Para el año 2009, la Secretaría de la Defensa tenía 206 mil efectivos, pero ese año los planteles militares de nivel técnico o licenciatura apenas tuvieron 2 mil 560 egresados, un 1.2% del total de uniformados. La Sedena genera más desertores que licenciados. En Estados Unidos, cerca del 40% de los efectivos militares tiene acceso a educación profesional. En México, las escuelas de ingeniería del Instituto Politécnico Nacional tienen un presupuesto anual de 6 mil 500 millones de pesos y tienen cerca de 10 mil egresados al año. Con el gasto del gobierno federal en publicidad oficial en 2010, alcanzaría para pagar más de la mitad del presupuesto de un Instituto Politécnico Militar. Después de sus años de servicio, la formación académica permitiría a los soldados reintegrarse a la vida civil con un título profesional y con destrezas distintas a las que ofrece la formación militar.
En la mayoría de las democracias modernas, el secretario de la Defensa no es un militar sino un civil. En España, el jefe de gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, designó a la abogada Carme Chacón como la primera mujer encargada del Ministerio de Defensa. Cuando Chacón asumió el mando de las Fuerzas Armadas españolas tenía un hermoso vientre abultado ocupado por un bebé en proceso de gestación. Por favor, no me digan que algo semejante jamás ocurrirá en México. El antiguo Ejército que siguió las órdenes del dictador Francisco Franco, ahora se cuadraba ante la voz de una abogada-embarazada. Este profundo cambio en la cultura militar española ocurrió en poco más de tres décadas.¿Qué tendríamos que hacer para lograr una transformación semejante en nuestro país? Construir más puentes de comunicación entre las esferas civil y militar. Un Ejército formado por ingenieros, químicos y programadores de software tendría mejor capacidad de adaptarse a la jurisdicción de mandos y tribunales civiles. Multiplicar por 10 la infraestructura académica del Ejército apenas cubriría la demanda de un porcentaje mínimo de la población de ninis. Sin embargo, transformar al Ejército en un puente meritocrático de acceso a la clase media podría tener un efecto demostración en millones de niños y jóvenes mexicanos: donde hay buena educación, no hay brechas sociales.
Tema es de interés no sólo local sino nacional pues se aspira a “abrir vías de participación económica y social, además de plantear proyectos de actividades productivas a los jóvenes que no estudian y que no trabajan en nuestro país”, afirma el diputado Enrique Serrano Escobar.


