Intravagando en la vida y obra de José Fuentes Mares

Casa Chihuahua Centro de Patrimonio Cultural, uno de los recintos culturales más importantes del norte del país, ofrece una exposición de gran significado para la vida de nuestro estado: Intravagando en la vida y obra de José Fuentes Mares.

Jose Fuentes Mares

El eximio historiador y gran escritor chihuahuense siempre se distinguió por su amor a Chihuahua y a México. Sus obras forman parte esencial de la historiografía mexicana. A partir del 8 de julio, pueden ser admirados diversos documentos, objetos personales, libros y todo aquello que nos acerca a su vida y reaviva su recuerdo.

Uno de los más ilustres chihuahuenses del siglo xx, José Fuentes Mares se recibió como Doctor en Filosofía por gusto propio y como Abogado para complacer a sus padres. Escritor, historiador y filósofo, fue un gran especialista acerca de la vida de Benito Juárez, la relación bilateral entre México y Estados Unidos, así como en la historia mexicana del siglo XIX.

Casa Chihuahua presenta una colección que nos relatará parte de la vida de Fuentes Mares, compuesta por material fotográfico, objetos personales, libros publicados y algunos textos que nunca se habían presentado antes, como el escrito en una hoja en blanco de su chequera que reza “Quiero vivir el ocaso como si apenas rompiera el día”, u otro en una tarjeta de un restaurante de El Paso, Texas: “Siempre nos quedará pendiente una estrella. Cuando la estrella no exista seremos viejos”.

Publicó treinta libros, destacando “Miramón, el Hombre”, “Libro sobre la buena mesa”. Es uno de los más importantes personajes que ha dado Chihuahua al mundo, fundador del diario Novedades de Chihuahua y exrector de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Participó como comentarista en el famoso programa de televisión 24 Horas en los años setenta. Fomentó la cultura y la educación, por medio de ensayos, publicaciones, comentarios y en sí en sus actividades diarias.

Para presentar la exposición “Intravagando”, se realizó una exhaustiva  investigación bibliográfica por parte del área de Curaduría de Casa Chihuahua, así como entrevistas con familiares y conocidos del ilustre maestro chihuahuense.

Hoy por hoy, José Fuentes Mares se encuentra entre los intelectuales que son orgullo de Chihuahua y es un ejemplo de dedicación y constancia, de una bien encaminada rebeldía.

El talentoso fotógrafo Francisco Muñoz -a quien El Silenciero agradece su invaluable aportación-, nos muestra los ángulos más interesantes de la singular exhibición.

Divulgamos, asimismo, el artículo del periodista Jaime Pérez Mendoza, publicado por la revista DIA SIETE, en ocasión del aniversario luctuoso del inolvidable Don José Fuentes Mares.

La exposición permanecerá hasta el mes de octubre de este año, Casa Chihuahua los espera en un horario de 10:00 a 18:00 horas, en la calle Libertad 901, zona Centro.

José Fuentes Mares, el historiador, el escritor, el periodista, el hombre

A doña Emma Peredo de Fuentes Mares

Por Jaime Pérez Mendoza

“Yo nací cuando la Sierra madre aún era señorita”.

“Le apartamos el palco de honor a la esposa del presidente López Portillo para que acudiera al Teatro de la Zarzuela; movimos cielo y tierra para conseguir los espacios reales, pero ella nos dejó colgados porque se fue al estreno de la película Superman”.

Cuando Julio Scherer le reclamó que no rompiera con Jacobo Zabludowsky, tras el golpe a Excélsior, bajo el argumento de que “el que no está conmigo, está contra mí”, la respuesta fue contundente: “Sólo Jesucristo puede pronunciar tales palabras.”

La vastedad del anecdotario de José Fuentes Mares es como el suelo chihuahuense, un paisaje bellamente dibujado en las últimas palabras de “Las mil una noche mexicanas”: sus llanos y serranías, las tardes moribundas de los acantilados, las albas jugando como niñas en los pinares.

Gustaba decir que hablaba tanto a solas consigo mismo, que terminaba por cultivar orquídeas en el desierto.

Amaba tanto la vida que le pedía al Señor clementísimo oír el chirrido de los grillos entre perros que ladran, la voz del viento en los gatuñales.

Las últimas páginas de “Juárez y la República” pintan de cuerpo entero a José Fuentes Mares, el historiador. Sus afanosos años de exhaustivas investigaciones le permitieron hacer historia viva, vida incesante en el orden del tiempo. Ahora, cuando Juárez es tema de discursos alejados de la verdad histórica, las obras del escritor chihuahuense nos acercan a la dimensión humana del Benemérito de las Américas.

La descripción del sepelio de Juárez revela la genialidad del escritor: “…La carroza marchaba lentamente, con pompa oficial, citadina. Ausente el contorno cenital, faltaba la miseria del desierto, el polvo y la sed de los caballos. Faltaban zopilotes azorados. Faltaban las víctimas del sol. Faltaba Paso del Norte en el horizonte. Ahora era un Presidente muerto, nada más. El demonio o la institución quedaba para siempre en el alma de la gente.”

José Fuentes Mares, el hombre

Vivió para contar las penas y las glorias de la nación. Autor de 37 obras que forman ya parte importante de la historiografía y la historia literaria de nuestro país, José Fuentes Mares invirtió su vida para liquidar imposturas.

Convencido siempre de que México se olvidó siempre de la raíz de las palabras, el escritor respondió al llamamiento.

La recordación de Día Siete, a veinte años de su muerte (nació en la Ciudad de Chihuahua el 15 de septiembre de 1919, murió en la bella capital del Estado grande el 8 de abril de 1986) fue ocasión propicia para destacar los méritos indiscutibles de José Fuentes Mares como testigo de su tiempo.

Habrá que evaluar, sin la amargura de los prejuicios que limitan la libertad de pensamiento, el legado del extraordinario escritor chihuahuense. En no pocas ocasiones, Fuentes Mares habló de su vocación: dedicar la vida a escribir para enfrentarse a quienes le han mentido por siglos a México.

Escribió que México -y es éste quizás el problema crucial de su profunda obra-no ha tenido un proyecto nacional compartido.

A la luz de la historia, manejando criterios de verdad, en obras de belleza literaria singular, el historiador chihuahuense denunció que el enfoque dado a la educación en nuestro país ha sido devastador. Denunció asimismo que, en medio de la prepotencia de un poder corrupto, han predominado fuerzas oscuras que tratan, a toda costa, de impedir el florecimiento de la vida democrática.

José Fuentes Mares sabía que escribir es una forma de nacer y, al encontrar el verdadero valor de las palabras, dedicó su existencia para enfrentarse al grave problema de la desidentificación que corroe las entrañas del país.

José Fuentes Mares, el periodista

Octavio Paz, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Francisco Martínez de la Vega. “Será la página editorial más importante del país.” Expresaba entusiasmado don José Fuentes Mares, director fundador del periódico Novedades de Chihuahua.

En su primera edición, el 6 de octubre de 1980, el gran historiador chihuahuense escribió sobre las relaciones de los medios de comunicación con el poder. “La posibilidad de ser un país realmente moderno naufragará de persistir en no escucharnos. Tratamos de arraigar el diálogo, pero el diálogo, no la demagogia del diálogo en país de sordos.”

Todavía inmerso en el esquema del control de los medios de comunicación operado desde los escritorios de la Secretaría de Gobernación, el país vivía en 1980 los albores de un nuevo periodismo. “Hasta hoy, en México, el llamado diálogo ha sido parloteo unilateral, monólogo dogmatizante y embrutecedor”, escribió el historiador.

Quienes tuvimos el privilegio de trabajar a su lado en aquélla aventura periodística, pudimos advertir que el escritor se empeñó con autenticidad conmovedora en seguir el camino de la independencia.

En el corto período de su dirección (menos de un año), el escritor fue consecuente: nunca traicionó el anhelo de defender el patrimonio moral del pueblo chihuahuense.

Quiso dejar constancia de su ideario periodístico. A la distancia de casi 30 años, su presentación editorial recoge, con visionaria anticipación, los principios esenciales de la deontología periodística.

“Ni las notas de interés público ni las opiniones del periódico tendrán jamás un precio. El lector sabrá que si al analizar hechos y actuaciones erramos, el desacierto habrá de atribuirse a fallas de juicio, nunca a miseria moral.”

Su paso por ese periódico fue breve. No soportaron los accionistas el peso de la verdad. El historiador renunció tras las presiones de los dueños del dinero. Días después, el nuevo director, José Luis Sandoval, preguntaba: ¿Quién es Francisco Martínez de la Vega? Y suprimió la nómina de colaboradores encabezada por Octavio Paz.

De aquélla aventura periodística nada queda. El edificio que vio nacer al periódico Novedades de Chihuahua, fundado el 6 de octubre de 1980 por el escritor e historiador José Fuentes Mares, alberga hoy las oficinas de la Junta Central de Agua, luego del saqueo a cargo de mercachifles del periodismo cobijados por los gobernantes en turno.

Historia ¿para qué?

Muchos le reclamaban a Don José que cuando salía al campo iba con un sombrero campero andaluz. Y respondía: “Sí, efectivamente, no lo uso en la ciudad, porque en la ciudad no uso sombrero, pese a que mi calvicie craneanamente totalizadora me autorizaría a llevarlo. Yo encuentro más razonable llevar las botas cordobesas que tengo y mi sombrero andaluz que es lo mío en última instancia, lo mío de siglos; es la sangre que llevo dentro, que no ponerme unas pinches botas texanas punteagudas, con punta de plata, y una texana comprada en una ‘store’ de El Paso.”

Demostró a través de su obra que en esta nación se nos ha sujetado durante siglos a un proceso de desidentificación y destrucción interior. “Algo está cambiando en el país para que me encarguen una biografía de Don Porfirio Díaz”. México, la palabra clave. Tema central de su vasta y profunda obra. “México -este es el problema crucial- no ha tenido un proyecto nacional compartido”.

Problema histórico-cultural nada sencillo. El historiador alude a lo largo de su obra a una tradición de 200 años durante la que han estado minando la integridad cultural, a grado de afirmar que el mexicano es un tipo sin identidad.

Los últimos años de su fructífera vida lo abrumó una preocupación central: La desidentificación creciente. Afirmaba con vehemencia que la Cultura representa el más profundo modo de ser de un individuo; un hombre es como es por su Cultura; es una especie de ropaje que lo distingue. Y gustaba de afirmar que “nadie puede vivir en cueros”.

Lo horrorizaba la posibilidad de que no se respetaran los edificios coloniales, por efecto del trauma de la Conquista. “La gente es muy peculiar. Te dicen tranquilamente y lo publican en los periódicos: por qué respetar los edificios coloniales, eso no tiene nada que ver con nosotros.

Vamos a tirar la Catedral de México si es necesario y vamos a desenterrar el centro ceremonial de Tenochtitlán.”

En su Biografía de una nación, el escritor escribió sobre los riesgos de no llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso de renovación política de la sociedad mexicana. Cobran hoy fuerza sus palabras. Aprendió de José Vasconcelos y Antonio Caso que no hay poder sobre el poder de la palabra.

Si sus concepciones sobre la historia de México aspiraban a dejar constancia de su amor por la verdad, sus conceptos en torno a la política mexicana buscaban afanosamente la conciencia de la identidad nacional.

“Las crisis -escribió- son catárticas por naturaleza; en lo individual, sanean economías, corrigen los efectos de conflictos morales; en lo colectivo, dejan abierto el paso a vientos saludables, regeneradores. De no aprovechar la premiosa circunstancia, sufrirá la solidez institucional al desvanecerse la apertura democrática, y se pondrán en riesgo la libertad y la paz. Sería lamentable despertar un día, con la paz reglamentada por pistolas reglamentarias.”

Pero José Fuentes Mares nunca fue derrotista. El escritor fue un hombre humilde que supo encontrar el valor de las palabras para contar las penas, las glorias, las esperanzas de un país, enfermo, grave. Su obra es una lección de vida. Y hermoso, profundamente aleccionador, el saldo de su existencia.

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