Hola ya vienen, y… ¿cuándo se van?
Ante el anuncio divulgado por el diario The Washington Post sobre el supuesto plan de apoyo de agentes de la DEA en Ciudad Juárez, el abogado Gustavo de la Rosa aborda con su singular punto de vista el entorno de la violencia en Ciudad Juárez y lo que pensarían muchos juarenses, de llevarse a cabo las estrategias ventiladas por el influyente periódico norteamericano.
por Gustavo de la Rosa
En la tierra del “no eres bienvenido”, tenemos nuevas visitas incómodas: agentes de DEA y de otras dependencias federales norteamericanas. Con ellos somos diplomáticos. Porque ya se nos olvidó que cuando entraron en 1916, hubo que enfrentarlos a tiros en el Carrizal. Porque nos identificamos con la quinta parte de ellos que son la nación mexicana en el extranjero y sabemos que muchos de sus hijos han muerto por ese país. Porque para muchos juarenses representan una de las últimas esperanzas para recuperar la paz.
Por todo eso y en un esfuerzo de diplomacia acudo a la sabiduría franca, brutalmente franca de una nativa del Valle de Juárez que casó con mi hermano mayor. Cuando llegábamos de visita a su casa, y mientras preparaba la mesa nos lanzaba su habitual saludo: “hola ya llegaste y… ¿cuándo te vas? “.
Mi cuñada, no podía enrostrarnos el “vete de mi casa”, porque debía mantener los equilibrios de poder con su esposo, pero era fundamental para ella dejar en claro que apenas llegábamos y ya empezaba a correr la cuenta regresiva para que nos despidiéramos, no fuera a ser que nos quisiéramos quedar a vivir en su casa.
Así nos encontramos en una encrucijada ante la presencia de los agentes del gobierno norteamericano: no podemos decirles “welcome”, tampoco podemos decirles “go home”.
Llegan cuando hemos sufrido dos años de una guerra innecesaria, sin planes bélicos, sin estrategias de combate, sin medidas de protección para la población civil. Cuando hemos sufrido durante ese tiempo un régimen de suspensión de garantías, con torturas, y desapariciones forzadas incluidas.
Llegan cuando nos encontramos como si hubiéramos sufrido un terremoto y las bandas de delincuentes anduvieran matándose en la calle y saqueando los negocios. Cuando se ha reducido dramáticamente la gobernabilidad de la ciudad. Cuando muchos Juarenses se perciben indefensos ante la barbarie. La violencia y la impunidad continúan, yo sé que han sido asesinados más de veinte conocidos míos que no merecían esa muerte.
Llegan cuando estamos al borde del caos y nadie parece hacer nada significativo para evitarlo, apenas estos días se ha nombrado al delegado de la Procuraduría General de la República quien llega casi solo y Arturo Chávez Chávez ni siquiera vino a darle posesión.
Llegan cuando hubo reversa para entregar el mando a la Policía Federal y el general recobra la dirección del operativo. Cuando nos enteramos que a los policías que les descubrieron ligas con el narcotrafico, no los investigaron y solamente los despidieron -previa indemnización laboral-. Ahora los acusan del infame asesinato de los estudiantes en Salvárcar y este fin de semana se han registrado tiroteos indiscriminados contra grupos de personas indefensas.
Llegan cuando el terror se ha apoderado de nosotros, cuando la ciudad más alegre del estado se ha convertido en la más triste y solitaria.
Llegan pero ni siquiera podemos considerarlos esperanza porque ya la hemos extraviado. Y no podemos salir a la calle a recibirlos ruidosamente, porque hace dos años así lo hicimos con el Ejército y sentimos que nos falló.
Por todo eso, sólo puedo recordar a mi cuñada y decirles con toda la sutileza posible, “ya llegaron y … cuando se van?” No vaya a ser que se quieran quedar a vivir en esta casa.
















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