Mujer de Terracota
Por Eve Gil
Me pregunto si los lectores mexicanos estarán preparados para Mi cuerpo en tus manos (Editorial Terracota, La escritura invisible, 2009), primera novela de Rose Mary Espinosa, que, no se engañen, presenta no sólo un producto perfectamente acabado en términos de calidad literaria, sino una de las novelas más desconcertantes de los últimos años; una novela que exige dejarse arrastrar por las emociones y clausurar cualquier ideología o juicio moral. No es, como la calificaría alguien de alma simple, una historia sobre violencia conyugal, es muchísimo más que eso: la reconstrucción poética de una patología que recibe mil apelativos psicosociales y sin embargo no tiene nombre. Y si me obligan a ser precisa y nombrarla a pesar de todo, la nombraría amor.
Esta primera novela de Rose Mary Espinosa, es una historia de amor. Amor verdadero: dos patologías llevadas al límite por sus respectivos deseosos: el poseído y el poseedor, términos empleados asimismo en el más amplio sentido del término –aquí todo es amplio, profundo, ancho, exacerbado-; el de trastocarse, como es el caso de la narradora, anunciado desde el título, en un objeto provisto de la capacidad para romperse en pedazos y reconstruirse una y otra vez, sólo para volver a ser roto hasta convertirse en algo menos frágil: una gárgola, por ejemplo. Esta historia de pareja, narrada con una delicadeza y ternura que pudieran espantar, insisto, a las almas simples, me trajo a la memoria el argumento de una película que en su momento consideré incomparable y cuyo violento contenido amoroso atribuí en su momento a una cuestión cultural, me refiero a la japonesa El imperio de los sentidos, donde una pareja persigue incansablemente el placer, hasta que ella produce a él un último orgasmo que se prolongará hasta la muerte. Nadie –no yo, al menos- dudaría del gran amor de estos amantes… como tampoco dudo de que dicho sentimiento esté presente entre los amantes de Mi cuerpo en tus manos, no obstante el gran sufrimiento mutuamente infringido.
El conflicto se desarrolla con un talante que oscila entre la novela gótica –la sensación de que quien narra es un fantasma capaz de introducirse en cualquier hueco y estar en todas partes-; el thriller policíaco y el suspense; tapizando la trayectoria de la narradora de huecos y silencios que resultan ser gritos; de pétalos de rosa que resultan manchas de sangre; sangre que fluye como las lágrimas, con idéntica frecuencia y, por razones que van del gozo confundido con dolor, al dolor emocional de saberse atrapada en un círculo vicioso. Porque la narradora es consciente de la anomalía y sin embargo se regodea; se revuelca en ella como sobre una sábana elaborada con los diminutos fragmentos de una estatua destruida, que se incrustan vengativamente, amorosamente en la piel.
Y si bien esta pareja vive inmersa en esta relación que a su vez alimenta el arte del escultor y el rencor de la artista frustrada condenada a ser musa, a su alrededor se mueven personajes tristemente habituados a la violencia, a fuerza de convivir con la prototípica música del placer confundido con dolor; de la alegría enfermiza de aquel que sufre y lo goza, aunque procurando no rozar si quiera las colindancias de esos cuerpos destruyéndose mutuamente. Y no es que los involuntarios testigos terminen por considerarlo “normal”, sino que intuyen en “ello” algo intoable, que precisamente por terrible es casi sagrado, innombrable, tabú; lenguaje de dos que, señala la narradora, “(…) los dos comprendimos sin tener que hablar: la sangre, el dolor, la sorpresa, la calma; al menos en eso íbamos juntos (…)” (p. 200)
Hago hincapié en la astucia –no sé de qué otra manera nombrarla- con que Rose Mary aborda esta escabrosa historia de amor –quiero insistir en que es una historia de amor-; sacándole la vuelta al efectismo, a la violencia que reserva a los actos de los personajes, pero re-elabora poéticamente en el pensamiento de la narradora. El lenguaje, pues, es predominantemente poético, lo que no le impide ser ágil… porque eso sí, puedo garantizarle al lector, lectora que la lectura de Mi cuerpo en tus manos no les dejará un segundo para el resuello. (Revista Siempre! Presencia de México, con la debida autorización de la novelista Rose Mary Espinosa para EL SILENCIERO) .
En el semanario Proceso, la sección Cultura -en su apartado ESTANTE-, aborda los aspectos esenciales de la novela “Mi cuerpo en tus manos”:
Rose Mary Espinosa nos ofrece la historia de una mujer extraviada en un laberinto de emociones contrapuestas. Un tanto a la manera de Clarice Lispector, Espinosa logra a momentos enrarecer la percepción de un universo onírico a través de sus descripciones, no sólo de lo real sino de la manera de captar esa realidad a través del lenguaje.
Espinosa escribe aquí sobre una mujer que ha abandonado este mundo pero no la vida que tuvo. Una vida en la cual la presencia de un hombre la ata a ésta pero a la vez la impulsa a abandonarla. Un amasijo de contradicciones rige las relaciones entre el hombre y la mujer que habitan la novela Mi cuerpo en tus manos: una visión personal dramática de la pareja contemporánea. (Lorena Crenier).
Rose Mary Espinosa
Licenciatura en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Especializada en persuasión y análisis de comunicación política en la UIA, el Portland Community College (Estados Unidos) y la Universidad Complutense de Madrid. Alumna de la escuela de la Sociedad General de Escritores de México y becaria del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes; la Fundación UNESCO-ASCHBERG (Francia) y The Writers Room-SOGEM-FONCA (Nueva York). Colaboradora de Letras Libres, GQ México, Chilango, Travesías, Gatopardo, Etcétera, Nexos, Confabulario y Origina, los diarios Reforma y El Financiero. Editora de la revista bbmundo y coeditara de dF por Travesías. Autora de los poemarios: Te vas a morir de amor y Una vez tu cuerpo. Conductora, columnista y reportera de radio y televisión en los canales 28 y 22, así como del Instituto Mexicano de la Radio. Profesora de comunicación política e internacional en la UIA y la Universidad Anáhuac.



















Excelente reseña. Bien por la escritora (habrá que leerla).
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