El llano en llamas
La naturaleza del poder que ejercen es ambigua.
—Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa
Federico Campbell
Parecería que se trata sólo de un problema escolar: ¿cuál es la diferencia entre una rebelión y un levantamiento? ¿Entre una asonada y un motín? ¿Entre un desafío armado delincuencial y un desplante de motivación política frente al Estado? ¿Entre una revolución que busca el derrocamiento del poder constituido y una o varias organizaciones criminales que sólo buscan arrebatarle al Estado el dominio sobre uno de sus componentes más tangibles aparte de la población: el territorio?
¿ Cuál es la diferencia entre una revolución y una guerra civil?
Realmente no sabríamos identificar la naturaleza del poder que ejercen los grupos criminales que ya dominan partes del país. Empiezan a erigirse como un poder sustituto (cobran “impuestos”, bloquean más de 40 calles y avenidas en Monterrey, liberan presos de las cárceles, no actúan a la defensiva sino a la ofensiva: imponen la agenda de combate, atacan comisarías y cuarteles, amedrentan, tienden emboscadas, se permiten la venganza, toman ciudades). Y uno como ciudadano inerme tiene la sensación de que en Los Pinos no están tan preocupados como deberían estarlo. Les apasiona más el futbol.
Nunca, jamás, la guerrilla política mexicana del siglo pasado llegó a tanto. Ni de lejos.
¿La palabra “insurrección” tiene una connotación militar? Así parecen suponerlo los intelectuales del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington del U. S. Army War College en un estudio de mayo de 2009. ¿Qué querrán decir estos estrategas teóricos?
El 31 de mayo la revista The New Yorker publicó un amplísimo reportaje (34 cuartillas) de William Finnegan titulado “¿Plomo o plata?” sobre una de las regiones tomadas por el hampa: Michoacán. Finnegan estuvo en Zitácuaro, Zamora, y Apatzingán, la principal ciudad de Tierra Caliente, y cuenta que un funcionario estadounidense, seguramente de su embajada, le dijo que “ La Familia cada vez está viéndose más como una insurrección que como un cártel?”
El trabajo periodístico de Finnegan, elaborado a lo largo de dos meses, es uno de los testimonios más estremecedores y preocupantes que se han escrito sobre la región y sobre La Familia , sus ideas religiosas y su base social de apoyo.
A mayor abundamiento, un recorte de periódico del 30 de abril nos recuerda que la delincuencia organizada sigue creciendo en la zona centro del país. El licenciado Alfonso Navarrete Prida (el mismo que en la procuraduría del Estado de México tuvo a su cargo la no investigación sobre la muerte de Enrique Salinas de Gortari) afirmó que el hampa sigue evolucionando hacia formas de defensa con base social que pudieran desembocar en la creación de una especie de narcoguerrila. El diputado federal del PRI, integrante de la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados, añadió que eso se desprende de los narcobloqueos, la colocación de mantas con mensajes y hasta el uso de medios de comunicación vía internet.
José Luis Piñeiro, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, advirtió que la orgía de la violencia puede llegar al Distrito Federal, hasta ahora más o menos resguardado:
“El narco está usando tácticas clásica de guerrilla, como son los ataques sorpresa, la capacidad de movilidad geográfica y lo que se ha llamado guerra psicológica a través de narcomantas o mensajes para atemorizar a la población.”
horalelobo@yahoo.com














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