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Narcoterrorismo en Ciudad Juárez

16 Julio 2010 1,821 vistas 2 Comentarios

Video de Canal 5 de Ciudad Juárez, captado por el extraordinario camarógrafo Luis Hernández.

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“Cuando llegó ese oscuro día de justicia, el pueblo entero despertó sin ser llamado…”
Rodolfo Walsh

Por Elliot A. Klassen

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Foto Héctor Dayer, NORTE de Ciudad Juárez

Ciudad Juárez, Chihuahua, México.  Narcoterrorismo. Cochebomba. En la emblemática  avenida del lugar más peligroso del mundo: 16 de septiembre, esquina con Bolivia, se registra un hecho que representa la culminación de muchos años de impunidad , complicidad y silencio.  La agencia de noticias Notimex divulga un dato escalofriante: “El comandante de la Quinta Zona Militar, Eduardo Zarate, informó que ya tienen algunos resultados del peritaje realizado al coche-bomba” que estalló la tarde del jueves 15 de julio con saldo de 4 muertos, decenas de heridos, estupor y miedo social en la comunidad fronteriza.

“El comandante expuso que de acuerdo con el peritaje, se encontraron residuos de 10 kilos de explosivo, al parecer del conocido como C4, así como restos de un aparato celular.

“Indicó que aunque hasta este momento no se ha determinado exactamente cómo detonó el vehículo y si estaba armado como un coche-bomba, lo que sí se puede determinar es que el artefacto se activó mediante una llamada a algún teléfono celular”.

Mientras tanto, aparecen en la ciudad mantas, leyendas, mensajes de los grupos del crimen organizado. Amenazas. Durante la última semana han sido ejecutados siete policías. El fin de semana antepasado ocurrieron en la urbe fronteriza 44 ejecuciones. Nadie está a salvo. Ejecutan, en intento de secuestro, según la versión oficial, al sobrino y ahijado del gobernador electo de Chihuahua, César Duarte Jáquez.

Los mensajes de la mafia son divulgados por muchos medios: hay más coches bomba. Habrá más ejecuciones. Los tabloides amarillistas se dan vuelo con la sangre. La ciudad calla. Los datos fluyen sigilosamente. Mientras la Secretaría de la Defensa Nacional confirma que estamos ante un hecho de claros matices de narcoterrorismo, la Procuraduría General de la República titubea y emite declaraciones sin rumbo:  El Procurador General de la República, Arturo Chávez Chávez, informó que las autoridades están realizando un peritaje para determinar si el atentado en Ciudad Juárez contra policías federales se realizó con un coche bomba o una granada. (Milenio, sitio digital, 16 de julio).

La banalización del mal cumple aquí su perversa estrategia. Por años, autoridades de todos los niveles, políticos de todos los colores, periodistas, dueños de medios, pseudoempresarios vivieron la bonanza propiciada por el trabajo de los cárteles de la droga que todo lo permearon. Aquí florecieron grandes negocios, muchas fortunas y un estado de impunidad e injusticia que culminó ayer con un hecho que –negarlo sería una aberración- representa uno de sus efectos más dramáticos y espeluznantes.

En su estudio sobre el terrorismo en Italia, la escritora Marcelle Padovani afirma que “nos podemos acostumbrar al terrorismo. Se levanta uno por la mañana, conecta la radio y se entera, sin rechistar de que han disparado a las piernas de un profesor cuando salía de su domicilio.. O que han secuestrado a un rico industrial. O que han asesinado a un personaje político…”  También alude a un fenómeno sociológico singular:  “Podemos acostumbrarnos también, al parecer, a vivir en unas grandes ciudades con sus ghettos de <<no participantes>>. Y resume con palabras que conmueven: Podemos acostumbrarnos a la inseguridad permanente.

Y sí: en Chihuahua, en Ciudad Juárez, nos hemos acostumbrado a muchos tipos de terrorismo. Lo cargamos todo en la cuenta de las llamadas violencias privadas normales: mueren drogadictos, mueren niños y ancianos atropellados por ruteras. Y la estadística mortal se agrupa junto a los ajustes de cuentas y los atentados.

Ha faltado un estudio a fondo sobre la violencia del narcotráfico. Aquí, nadie se ha atrevido a explicar cuáles son las razones de tanta barbarie. Los medios de comunicación hacen un recuento de los daños. Ya se ha convertido en juego macabro la divulgación de datos sobre el número de hombres y mujeres ejecutados. 5 mil 700 en los últimos dos años del sexenio de José Reyes Baeza Terrazas. Más de 24  mil durante el mandato de Felipe Calderón. Y los periódicos, la radio, la televisión, los portales electrónicos, se convierten en medios de propaganda al servicio del crimen organizado.

Lo dijo con meridiana claridad el escritor Gabriel Zaíd al advertir sobre el teatro de operaciones en que se ha convertido la guerra contra el narcotráfico en México. Y aquí vamos todos incluidos (sociedad, gobierno y periódicos). Su punto de vista es, como siempre, iluminador; su astucia periodística no tiene límites.

El artículo se intitula Estrategia de guerra y fue divulgado por diversos medios. La fuente es el diario Reforma. Es importante divulgarlo:

“Cuando dos ejércitos se enfrentan con fuerzas iguales, sus probabilidades de ganar son las mismas (50%). Si la relación de fuerzas cambia, las probabilidades aumentan para uno y disminuyen para el otro. Para tener la seguridad de ganar (probabilidades superiores a 90%), hay que tener varias veces la fuerza contraria. Y esto es insuficiente en los conflictos de baja intensidad: si el enemigo pega y corre en ataques inesperados, eludiendo el combate abierto. Para ganar una guerra de este tipo, hacen falta fuerzas decenas de veces superiores; y aun así es imposible acabar con los últimos combatientes, que pueden sobrevivir en lugares remotos indefinidamente (David Galula, Counterinsurgency Warfare). Todo lo que cabe esperar es que se desanimen y se rindan, o se vayan a otro país, o se dediquen a otra cosa.

“En la práctica, esto quiere decir que los terroristas, guerrilleros, narcos, secuestradores y otras bandas criminales no pueden ser sometidos, ni pueden someter al Estado, por la simple fuerza de las armas. La victoria es finalmente psicológica: ver quién desanima a quién.

Foto DIARIO DE JUÁREZ

Foto: Ernesto Rodríguez / DIARIO DE JUÁREZ

“Ya Clausewitz decía que “Las actividades de la guerra nunca se dirigen solamente contra la materia. Siempre y al mismo tiempo se dirigen contra la fuerza moral que da vida a esa materia” (De la guerra). El estado de ánimo, el sentimiento de superioridad, la confianza en los jefes y en la propia causa, el apoyo popular son algo así como “fuerzas morales” que refuerzan o debilitan la fuerza armada. De ahí la importancia de desanimar al enemigo: es como desarmarlo. Lo cual es válido para ambas partes. Una banda criminal puede convencerse de que no tiene futuro, o puede convencer al Estado de que no tiene más remedio que consentir zonas o sectores al margen de la ley.

“Con la aparición de la prensa gráfica, el cine y la televisión, las imágenes se volvieron decisivas para las “fuerzas morales”. Clausewitz llamó “teatro de las operaciones” al espacio geográfico de las batallas, y todavía hoy se habla de “teatros de guerra”; pero ese teatro se volvió espectáculo con la llegada de las cámaras. El ejemplo más conocido son las fotos (evidentemente posadas) de guerrilleros que supuestamente acechan, listos para combatir. O las fotos de Marcos, con su pasamontañas, pipa y cananas de cartuchos gordos, que no corresponden a su arma, pero son vistosas y fotografiables. Villa tomaba en cuenta las necesidades de los noticieros de cine. Retrasó algún combate para facilitar el trabajo de las cámaras, y rehízo (con simulacros) tomas que no salieron bien. Así también la policía produce la escenificación de un rescate ya efectuado, para que salga en televisión.

“El terrorismo de la antigüedad saqueaba, incendiaba y arrasaba poblaciones enteras: producía espectáculos para desanimar. Los revolucionarios del siglo XIX dijeron que un acto terrorista puede hacer más propaganda que mil panfletos. Los publicistas del XX añadieron que una imagen dice más que mil palabras. Hoy, gracias a las cámaras, la violencia visible tiene más eficacia que nunca. El terrorismo es un proceso de producción editorial de actos espectaculares para ser fotografiados y difundir el mensaje: ¡desanímense!

“¿Cuál es la ventaja de degollar a un muerto y arrojar su cabeza a los fotógrafos? Ninguna, si se considera únicamente la capacidad de fuego. Una baja no se convierte en dos por el degüello. Pero si se trata de desanimar, desmoralizar, aterrorizar, la ventaja es obvia. Se aprovecha el cadáver para producir un comercial que todos van a ver, y ni siquiera hay que pagar a las televisoras y periódicos. Lo sacan gratis en primera plana.

“Las dictaduras no permiten que se publiquen las victorias y mensajes de sus enemigos: únicamente los mensajes triunfales del Estado; que ocultan, naturalmente, los abusos del ejército y la policía. ¿Qué hacer en una democracia? Hay quienes justifican la opacidad de los buenos, para no estorbar su lucha contra los malos. Pero la falta de transparencia facilita que los buenos se vuelvan malos, ya sea porque los infiltren o los sobornen, o porque la práctica del poder impune corrompe hasta a los ángeles.

“Tampoco se deben ocultar las bajas y bajezas que produce el enemigo. Pero la información no tiene por qué ser visual. Ningún medio que se respete aceptaría dinero de los criminales para hacerles propaganda, y es igualmente inaceptable hacerla gratis. Los narcos, los secuestradores, los mercaderes de la prostitución infantil, los que asesinan, ponen bombas o destruyen oleoductos para llamar la atención a favor de sus negocios, o de sus buenas causas, no tienen derecho a difundir sus comerciales”.

¿Qué sigue? Se reunirá el gabinete de seguridad nacional. Los  cárteles de la droga seguirán divulgando sus mensajes con mantas, leyendas, fuego y sangre. En el marco de las fiestas del Bicentenario, pronto será estrenada la película El infierno, burda copia de la tragedia que vivimos. La guerra contra el narcotráfico es motivo de anuncios oficiales. Estamos en guerra dice el Estado mexicano: una guerra alimentada con propaganda, corrupción e ineficacia gubernamental. De todo eso se nutre la malignidad para dejar una estela de muerte, dolor , luto y tragedia. En Ciudad Juárez no se ve al Estado mexicano por ningún lado. Y la palabra fallido, que tanto escozor causa en los medios oficiales, es la que mejor define al tiempo borrascoso que vivimos.

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2 Comentarios »

  • Isaac Buendía opina:

    Terrible lo que sucede en Juárez, pero más terrible la realización de que este no es un hecho aislado ni extraño para el resto del país. Muy cierto lo de la propaganda que los medios le dan a las mafias, hacen las veces de oficina de relaciones públicas de los cárteles. Un saludo.

  • Roberto opina:

    ESTADO FALLIDO ES EL UNICO NOMBRE COMO SE PUEDE ETIQUETAR ESTA ESCENA. ES LA REALIZACION DE UNA PESADILLA LA CUAL SOLO ESTA EMPEZANDO, LA GOTA QUE DERRAMO EL VASO DE SANGRE EN JUAREZ. UN EJERCITO MEXICANO CORRUPTO QUE INTIMIDA, ROBA Y EXTORSIONA A LA POBLACION CIVIL. UNA POLICIA FEDERAL QUE LE BRINDA PROTECCION AL CARTEL DE SINALOA Y QUE APARTE TIENE SU PROPIO NEGOCIO DE SECUSTRO Y EXTORSION. SOLO VIENE A DEMOSTRAR COMO EL CRIMEN ORGANIZADO YA ES CONSIDERADO, INDISPUTADAMENTE, EL AMO Y SENOR DE LA VIDA POLITICA NACIONAL.

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